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La Epifanía

Wednesday, January 26, 2022

La fiesta de los Reyes Magos, llamada «La Epifanía» traducida del griego como «manifestación», se celebra el 6 de enero en diferentes partes del mundo, aunque en el calendario litúrgico se celebra el domingo siguiente a la Octava de Navidad y nos recuerda el misterio en que tres reyes venidos de oriente, guiados por una estrella, llegaron a Belén para adorar al Niño Dios.

El Evangelio de San Mateo nos narra que los magos llegaron a Jerusalén en busca de un nuevo Rey que acababa de nacer, y pensando que lo encontrarían entre la nobleza, se encaminaron al palacio del rey Herodes.

Cuando Herodes se enteró de la existencia de un futuro rey, se turbó pensando que le quitaría el poder y con la intención oculta de aniquilar al niño, llamó a los reyes y les pidió que una vez que lo encontraran, regresaran para informarle donde se encontraba para que también él pudiera ir a adorarlo.

Los reyes salieron de ahí y siguieron de nuevo la estrella que se detuvo sobre la gruta donde había nacido Jesús. Al entrar encontraron al niño con su madre y acercándose al pesebre con profundo respeto, se postraron frente al niño para adorarlo y le ofrecieron tres regalos: oro para reconocer al Rey de reyes; incienso, que sólo se utilizaba en los templos y con el que reconocían a aquel niño como Dios; y mirra, que se utilizaba para embalsamar a los muertos, significaba que ese niño era Dios y Rey, pero se hacía hombre para morir por la humanidad.

Advertidos en un sueño que no deberían regresar con Herodes, los reyes partieron por otro camino a su tierra. Así se cumple la profecía del profeta Isaías en que el Mesías se revela incluso a los paganos como luz de las naciones, invitando a judíos y no judíos a ser parte del plan de salvación que Dios había prometido.

Las Sagradas Escrituras no mencionan el nombre de los Reyes Magos, pero un mosaico realizado a mediados del siglo IV que se conserva en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena Italia, aparecen sus nombres por primera vez de acuerdo a la tradición latina: Gaspar, Melchior y Balthassar.

Gaspar es un nombre de origen persa y proviene de Kansbar que significa «Administrador del Tesoro». Baltasar de origen Asirio, es una variante del nombre Belsasar y significa «Dios protege al Rey», mientras que el nombre de Melchior tiene un origen desconocido.

Otro dato importante es que no eran reyes precisamente, sino magos, es decir, sacerdotes o sabios de origen persa o babilonio que estudiaban las estrellas en su deseo de encontrar a Dios.

La tradición refiere que después de la resurrección de Cristo, el Apóstol Tomás viajó al Oriente, donde se encontró con los Magos, les enseñó todo lo predicado por Cristo, los bautizó y los convirtió en Obispos de sus respectivas ciudades. Algún tiempo después, mientras predicaban el Evangelio en la India, Gaspar y Baltasar sufrieron el martirio a manos de unos crueles idólatras. Melchor logró huir de la muerte y se encaminó a la India oriental, para refugiarse en la ciudad de Cangranora. Una vez ahí fundó la ciudad de Caleencio y erigió un templo en honor y gloria de la Virgen María y su hijo Jesucristo.

En el siglo IV, los restos de los tres Reyes Magos fueron trasladados a Constantinopla y posteriormente a Milán. En 1164, el emperador Federico Barbarroja las donó al Obispo de Colonia, en Alemania, donde, en 1248, se construyó en su honor una catedral Gótica, donde se conservan sus restos en un magnífico relicario.

Los Reyes Magos nos dejan varias enseñanzas para reflexionar, como el de entregar completamente nuestra fe y confianza en Dios. A pesar de que ellos no sabían hacía donde iban ni tampoco si iban a encontrar a un rey rodeado de riquezas, ellos siguieron las señales de Dios y fueron a adorarlo en un humilde pesebre.

En la fiesta de la Epifanía del Señor las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a los magos junto al Niño divino, al que buscaban para adorarlo. Los magos supieron utilizar sus conocimientos, en su caso, la astronomía de su tiempo, para descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel a todos los hombres. La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prologa la luz de la Navidad.

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