La verdadera devoción a la Santísima Virgen María
La verdadera devoción a la Virgen María ha de expresarse en nuestra vida cotidiana. María es para nosotros el modelo de la nueva vida. La Madre de Dios es modelo de la Iglesia en el orden de la fe, la caridad y la unión perfecta con Cristo.
Los grandes misterios tienen su expresión en la oración del Santo Rosario y del Angelus. No se trata de rezar las oraciones o desarrollar diversas prácticas de piedad de manera rutinaria. Cuando rezamos el Santo Rosario no se trata de repetir verbalmente una cadena de Ave Marías, sino meditar la vida de Jesús y María para luego entregar nuestra vida a Dios. El Papa Pablo VI dice, que el rezo del Santo Rosario sin meditación es como un cuerpo sin alma. Lo mismo nos recuerda el Concilio Vaticano II:
"Recuerden finalmente los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un sentimiento estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes" (Lumen Gentium, No 67).
La devoción Mariana tiene su expresión en varios cantos, en las innumerables imágenes de María y sobre todo en la dedicación de los templos y las grandes basílicas a la Santísima Virgen en sus diferentes misterios. En América Latina el pueblo expresó su amor a la Madre de Dios, nombrando muchas ciudades y pueblos con los títulos relacionados a la vida de María, por ejemplo: Concepción, Encarnación, Belén, Santo Rosario, Asunción, etc.
No debemos tener miedo de alabar a María, porque ella en seguida dirige esta alabanza a Dios. Cuando Isabel admiró la fe de María, ella empezó a alabar a Dios: "Mi alma alaba al Señor" (Lucas 1, 46).
Los hijos se asemejan a sus padres y de manera especial a su madre. María es nuestra Madre espiritual. Ella recibió la gracia de la Inmaculada Concepción, y nosotros nos hacemos inmaculados en el bautismo. Ella en la Anunciación fue concientizada por Dios que era llena de gracia. La dignidad fundamental de María es ser Madre de Dios.
María alcanzó la dicha del cielo asi que nosotros abiertos a la gracia de Dios y con la intercesión de María Santísima, tenemos la esperanza de llegar a la plenitud de la vida. La última palabra de María anotada en el Evangelio es: "Hagan todo lo que dice mi Hijo" (cf. Juan 2, 5).
María con su mediación maternal también ahora tiene el único deseo, de que hagamos lo que nos pide Jesús cumpliendo Su voluntad y poniendo toda nuestra confianza en Sus manos.
¡Oh María sin pecado concebida!, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Tomado de la revista Fuente de Misericordia