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Orar por los difuntos

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Por el Padre Dante Aguero, MIC

Hace poco tiempo me encontraba en un show de radio haciendo una transmisión en vivo sobre las actividades pastorales que llevo adelante como sacerdote. La persona que me entrevistaba parecía seguir con mucha atención mi relato. En determinado momento se detuvo y mirando fijamente a mis ojos me lanzó la siguiente pregunta: "Todo lo que me dice es muy hermoso padre... Pero ¿En realidad que obras sociales realiza usted?"

En ese instante una decepción se apoderó momentáneamente de mi pensamiento; no lo puedo negar. Puedo decir que mucha gente piensa de esa manera, donde lo material a veces nubla la realidad de lo espiritual. Más, recordé que no era esa la primera vez que alguien me lanzaba el mismo cuestionamiento. Por lo tanto, retomando el ánimo, repetí lo que nos enseña nuestra fe, y ello es que sencillamente sólo hombres nuevos pueden hacer nuevas todas las cosas.

Dicho esto, quiero recordar a todos mis hermanos creyentes que ser un buen cristiano solidario, no sólo se reduce a las obras de misericordia corporales, es decir ocuparnos de los pobres, de los presos, de los enfermos o de los forasteros.

También debemos tener en cuenta de otros hermanos y hermanas que viven una realidad muy especial -e invisible- y que están precisando también de nuestra solidaridad. Por ello la Iglesia también nos enseña que hay obras de misericordia espirituales. Las recordamos: dar consejo, corregir, perdonar, consolar, sufrir con paciencia los defectos de nuestro prójimo y rezar por los vivos y difuntos.

En cada Santa Misa que celebramos como Iglesia hay un momento en el que después de la Consagración recordamos a los fieles difuntos encomendándolos a la Misericordia de Dios para que puedan gozar de la bienaventuranza sin fin que es el Cielo.

Desde la fundación de la Congregación de los Marianos de la Inmaculada Concepción en 1673 por el Beato Estanislao de Jesús y María Papczynski, hemos mantenido diariamente esta oración de intercesión por las almas pobres que están en el Purgatorio. Evidentemente que en el plan divino como Congregación tenemos una misión que parece durará hasta el fin de los tiempos porque siempre se necesitarán personas que encomienden en sus oraciones, limosnas y sacrificios, a los que todavía esperan la purificación total de sus culpas para entrar al Banquete de la Vida.

Por si quizás alguno todavía entiende la palabra social en un sentido restringido a la solidaridad material, es tiempo de recordar que también podemos ser solidarios desde lo espiritual al orar, hacer penitencia y ofrecer limosnas por aquéllos que aún aguardan quien les ayude desde la tierra a presentarse ante el Rey con sus vestiduras blanqueadas en la Sangre Del Cordero.

Oración 
Señor, Tú eres la fuente del perdón y de la gracia, concede a nuestros hermanos, padres, benefactores y a todos los fieles difuntos que puedan, por Tú Misericordia, gozar de la felicidad eterna.
Amén.

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Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias (Diario, 699).
Para vivir la Fiesta de la Misericordia apropiadamente, debemos recordar los siguientes puntos...